Guía completa

Primavera: el momento de adelantarse

Cuando empiezan los primeros días de calor es cuando más coches vemos con el aire flojo. Es lógico: tras meses casi sin usarlo, cualquier pérdida pequeña se nota de golpe. Si lo revisas en marzo o abril, hay tiempo para encontrar la fuga, pedir la pieza si hace falta y llegar al verano con el circuito en orden. Además, en esa época cambiar el filtro de habitáculo y limpiar el evaporador elimina el polen y la humedad acumulados durante el invierno.

Verano: atascos y calor a la vez

Julio y agosto ponen a prueba el sistema. El tráfico turístico hace que trayectos cortos, como ir de San Pedro Alcántara a Puerto Banús, se conviertan en ratos largos al ralentí con el sol pegando en el techo. A baja velocidad casi no entra aire por la parrilla, así que el condensador depende del electroventilador para soltar el calor. Si ese ventilador falla o el condensador está tapado de suciedad e insectos, el aire enfría bien en autovía y se calienta en cuanto paras.

Otro fallo típico de verano es el compresor que se desconecta por presión alta. El sistema se protege, y tú notas que el frío va y viene.

Otoño: buen momento para reparar sin prisas

Cuando baja la temperatura, mucha gente deja el problema para el año siguiente. Es un error pequeño pero frecuente: el circuito sigue perdiendo gas y aceite, y el compresor trabaja peor lubricado cada vez que lo enciendes. Reparar en otoño suele ser más cómodo porque el taller tiene menos presión de trabajos de climatización.

Invierno: también sirve

El aire acondicionado deshumidifica. En días de lluvia o con humedad de mar, encenderlo junto con la calefacción desempaña los cristales mucho más rápido. Usarlo unos minutos cada semana mantiene las juntas lubricadas.

Qué hacemos exactamente

Primero medimos presiones en alta y en baja y la temperatura del aire en los difusores. Con eso ya se intuye si falta gas, si sobra, si el compresor no comprime o si el problema es de ventilación del condensador. Si falta gas, buscamos la fuga; las más habituales están en juntas de racores, en el condensador, que va delante y recibe piedras e impactos, y en el propio compresor.

Una vez reparado, hacemos vacío para eliminar la humedad, que dentro del circuito es muy dañina, y cargamos el peso exacto que indica el fabricante. Ni más ni menos: un exceso de gas enfría peor y fuerza el compresor.

Al terminar comprobamos de nuevo la temperatura de salida con el coche parado y en marcha, y dejamos el sistema funcionando un rato para confirmar que el compresor entra y sale con normalidad. Si había olor, aplicamos el tratamiento al evaporador y montamos un filtro de habitáculo nuevo.

Si tu coche lleva tiempo parado en una segunda residencia, revisa también la batería, porque el compresor y los ventiladores piden mucha corriente. Para cita, usa la página de contacto.