Guía completa

Pocas cosas afean tanto un coche como una llanta rozada contra el bordillo. Y pocas son tan fáciles de provocar: basta una maniobra en un aparcamiento estrecho o un despiste al girar. La buena noticia es que la mayoría de esos daños tienen arreglo. La parte importante es saber distinguir cuándo el daño es solo estético y cuándo afecta a la seguridad.

Tres tipos de daño, tres respuestas

El roce. Es lo más común. El borde exterior de la llanta queda arañado o con trozos de aluminio levantados. Si no hay grietas, se lija, se rellena si hace falta y se repinta con el acabado original. Queda prácticamente invisible.

El golpe. Un bache profundo o un bordillo alto a cierta velocidad pueden doblar el aro, normalmente por la parte interior, donde no se ve. El síntoma es una vibración en el volante que no desaparece con el equilibrado o una pérdida lenta de aire. Con la llanta montada en máquina se ve cuánto se ha desviado. Una deformación moderada se corrige; una fisura no.

La corrosión. Es el daño que más vemos en esta zona y el que menos se espera. En coches que viven cerca del mar, en Puerto Banús, Elviria o Las Chapas, el salitre ataca el aluminio donde la pintura tiene un punto débil. Aparecen ampollas bajo la pintura y, en la zona interior donde asienta el neumático, una superficie rugosa por la que se escapa el aire.

Llantas grandes, perfiles bajos

En Marbella conviven muchos coches de gama alta con llantas de gran diámetro y neumáticos de perfil bajo. Son muy vistosas, pero tienen menos goma entre el aro y el bordillo o el bache. Eso las hace más vulnerables a roces y a deformaciones. Si tu coche monta este tipo de rueda, merece la pena revisar el borde de las llantas cada vez que cambies neumáticos. Y si ves un roce nuevo, no lo dejes meses: el aluminio desnudo junto al mar empieza a oxidarse enseguida y la reparación se complica.

Lo que comprobamos antes de dar el visto bueno

  • Que no haya grietas en el borde, en los radios ni junto a los taladros.
  • Que la llanta gire recta, sin salto lateral ni vertical apreciable.
  • Que el asiento del neumático esté limpio y liso para que no haya fugas.
  • Que no haya soldaduras previas o reparaciones dudosas.

Si cualquiera de estos puntos falla de forma grave, recomendamos sustituir la llanta. Preferimos decírtelo antes que devolverte una rueda que no es segura.

Después de reparar

Toda llanta reparada se monta con su neumático, se equilibra y se comprueba que mantiene la presión. Si el golpe ha sido fuerte, revisamos también la alineación, porque un impacto que dobla una llanta puede haber movido algún elemento de la suspensión; tienes más información en equilibrado de ruedas y en neumáticos.

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