Guía completa
La asistencia que más se echa de menos cuando falla
Los sensores de aparcamiento (PDC) son de las ayudas más usadas en el día a día, sobre todo en garajes estrechos o al maniobrar en espacios reducidos. Su función es sencilla pero efectiva: evitar esos golpes pequeños que después pueden costar bastante más en chapa y pintura. Cuando fallan, la asistencia deja de servir de nada, y peor aún si empieza a dar avisos falsos que hacen que el conductor deje de fiarse de ella.
Cuatro formas distintas de fallar
Pitido constante marcha atrás: un sensor detecta un obstáculo que no existe. Puede ser una avería interna o simplemente humedad en el conector.
Pitido circulando hacia delante: en coches con sensores delanteros activos a baja velocidad, indica que uno de esos sensores tiene un problema.
Silencio total pese a haber obstáculos: pérdida completa de la función, por un fallo de varios sensores a la vez o del propio módulo de control.
Pitido irregular: aparece y desaparece sin patrón claro, síntoma habitual de un conector con humedad más que de un sensor dañado.
Cuando el fallo llega justo después de un golpe
Un caso frecuente: el coche sufre un golpe leve, se repara la chapa en otro taller, y al recogerlo los sensores ya no funcionan. Las causas suelen ser tres: sensores mal recolocados tras el desmontaje del paragolpes (deben quedar con un ángulo concreto hacia atrás), pintura aplicada sobre el cono ultrasónico —que interfiere directamente con las ondas—, o daño directo durante la propia reparación. Según el caso, la solución va desde un simple reajuste sin coste hasta la sustitución del sensor.
Comprobar antes de sustituir
Antes de dar por hecho que hay que cambiar un sensor, medimos con multímetro su resistencia (normalmente entre 1 y 2 kΩ según el modelo) y la continuidad del cableado hasta el módulo. En bastantes casos el sensor está bien y el problema es solo el conector, con la humedad haciendo de las suyas — una limpieza con producto específico y grasa dieléctrica puede resolverlo por 30-50 € en lugar de los 150 € que cuesta un sensor nuevo.
Marcas y por qué evitamos las genéricas
Trabajamos con Valeo y Bosch, ambas OEM en gran parte del parque automovilístico, o con la pieza original del fabricante cuando el coche lo pide. Evitamos los sensores genéricos de baja calidad porque su frecuencia ultrasónica no siempre coincide con la exigida por el módulo, lo que provoca errores intermitentes que vuelven a aparecer poco después de la reparación.
Cámara trasera
Funciona con vídeo en lugar de ultrasonido, pero el principio de diagnóstico es parecido. Las causas más habituales de fallo son humedad interna por una junta deteriorada (imagen distorsionada o pixelada), un cable roto en la zona de apertura del maletero, o el propio módulo de imagen. La sustitución completa va de 200 a 500 € según el modelo.