Guía completa

Dos sistemas distintos comparten esta ficha porque cumplen la misma misión: que la combustión empiece bien. En un gasolina, la bobina convierte la tensión de la batería en la alta tensión que hace saltar la chispa en la bujía. En un diésel no hay chispa; el gasóleo se inflama por la presión y la temperatura, y los calentadores aportan ese calor extra cuando el motor está frío.

Si tu coche es de gasolina

Hoy casi todos los motores llevan una bobina por cilindro, montada justo encima de la bujía. Cuando una falla, ese cilindro deja de trabajar o lo hace a ratos. Lo notas como un temblor al ralentí, tirones al acelerar y, si el fallo es fuerte, el testigo de motor parpadeando. Ese parpadeo indica que llega combustible sin quemar al catalizador, que puede sobrecalentarse y dañarse. Por eso, si parpadea, lo sensato es reducir la marcha y venir al taller sin forzar.

Las bobinas sufren con el calor del vano motor y con la humedad. En la costa, donde el ambiente es húmedo y salino buena parte del año, vemos conectores y capuchones deteriorados que provocan fugas de corriente. A veces el fallo solo aparece por la mañana o en días de mucha humedad y desaparece cuando el motor se calienta.

Si cambiamos bobinas, revisamos también las bujías. Una bujía gastada exige más tensión y acaba matando a la bobina nueva.

Si tu coche es diésel

Los calentadores son unas varillas que se ponen al rojo en pocos segundos dentro de cada cilindro. En el cuadro verás una espiral que se apaga cuando están listos. En muchos motores actuales siguen funcionando un rato después de arrancar, lo que se llama postcalentamiento, para que la combustión sea más limpia y el filtro de partículas sufra menos.

Con el clima suave de Marbella, un calentador fundido puede pasar desapercibido durante meses: el motor arranca igual, quizá con un poco más de esfuerzo. Los síntomas aparecen en las mañanas más frescas del invierno o tras dejar el coche parado varias semanas: arranque largo, golpeteo los primeros segundos y algo de humo blanco. También es común en coches que se quedan aparcados en segundas residencias y vuelven a usarse tras una temporada.

Cómo lo comprobamos

En gasolina, la diagnosis nos dice qué cilindro tiene fallos de combustión. Intercambiamos la bobina sospechosa con la de otro cilindro; si el fallo se mueve con ella, está confirmada. En diésel, medimos la resistencia de cada calentador y comprobamos que la centralita de precalentamiento les da corriente. Así evitamos cambiar piezas que estaban bien.

Hay averías que se parecen y no tienen nada que ver. Un motor de gasolina que tiembla puede tener un inyector sucio o una toma de aire, no una bobina. Un diésel que arranca mal puede sufrir de batería floja, de un sensor de temperatura que engaña a la centralita o de presión de combustible insuficiente. Por eso no nos fiamos solo del síntoma y comprobamos cada posibilidad antes de proponerte una reparación.

Antes de que se complique

Un calentador que falla no deja el coche tirado, pero sí aumenta el hollín y ensucia antes el filtro de partículas. Y una bobina averiada puede acabar dañando el catalizador. Si notas cualquiera de los síntomas, pide cita en contacto.