Guía completa
Una pieza pequeña con mucho trabajo
En un motor de gasolina, cada bujía produce miles de chispas por minuto. Cada una de esas chispas debe saltar en el momento justo para que la mezcla de aire y combustible arda de forma completa. Con el tiempo, los electrodos se desgastan, la distancia entre ellos aumenta y la chispa necesita más tensión para saltar. La bobina se esfuerza más, la combustión empeora y el motor lo nota.
No es una avería que llegue de golpe. El coche pierde un poco de fuerza, gasta algo más y un día, al adelantar o al subir una cuesta con el coche cargado, da un tirón. Ese tirón es el aviso.
Lo que nos dice una bujía usada
Una de las ventajas de cambiar bujías es que, al sacarlas, cuentan la historia del motor. Cuando las desmontamos, las ponemos en fila por cilindro y las comparamos:
- Color marrón claro y uniforme. El cilindro trabaja bien.
- Hollín negro y seco. Mezcla demasiado rica o muchos trayectos cortos en frío. Revisamos también la sonda lambda.
- Restos aceitosos. Entra aceite en la cámara, por segmentos o guías de válvula.
- Electrodo muy blanco o fundido. Exceso de temperatura, algo que hay que investigar antes de que dañe el pistón.
- Una bujía distinta a las demás. Ese cilindro tiene un problema propio, por ejemplo un inyector o una bobina.
Coches de ciudad y coches de carretera
En Marbella vemos dos perfiles muy distintos. Por un lado, el coche que se usa para ir del centro a Puerto Banús o a Nueva Andalucía, siempre en trayectos de pocos kilómetros y, en verano, con mucho tráfico turístico. Ese motor pasa buena parte de su vida frío, y la carbonilla se acumula antes en las bujías.
Por otro lado, el coche que hace a diario la A-7 hasta Fuengirola o Estepona. Ese motor trabaja caliente y estable, y las bujías suelen llegar en buen estado al intervalo que marca el fabricante.
También influye el combustible: si el coche ha estado meses parado con el depósito a medias, la gasolina envejece y puede dar arranques difíciles que se confunden con un problema de encendido.
Bobinas: compañeras de fatiga
La mayoría de motores actuales llevan una bobina encima de cada bujía. Cuando una bujía está muy gastada, obliga a su bobina a generar más tensión y esta puede acabar fallando. Por eso, al cambiar bujías, revisamos los capuchones de goma y las bobinas. Un capuchón cuarteado por el calor del vano motor deja escapar la chispa a masa y produce los mismos síntomas que una bujía gastada.
Por qué el motor debe estar frío
Las culatas modernas son de aluminio y las bujías, de acero. Si se desmontan en caliente, la rosca de la culata puede dañarse. Por eso trabajamos con el motor frío, aplicamos el par de apriete del fabricante y, en bujías que llevan años sin tocarse, las aflojamos con paciencia para no partirlas.
Si tu coche da tirones o el testigo de motor parpadea, pide cita en contacto antes de que el combustible sin quemar llegue al catalizador.