Guía completa

Un sensor que habla con el escape

La sonda lambda está atornillada al escape y mide cuánto oxígeno queda en los gases. Con esa información la centralita sabe si el motor está quemando la mezcla justa o si sobra combustible o aire. Es una pieza pequeña, pero de ella dependen el consumo, las emisiones y la vida del catalizador. La mayoría de coches llevan al menos dos: una antes del catalizador y otra después.

Ciudad o autovía: dos vidas muy distintas

Una de las cosas que más influye en cómo envejece una sonda es el tipo de uso. En la zona vemos dos perfiles muy claros.

El coche que solo hace trayectos cortos. Ir del centro a la playa, al colegio o al supermercado sin salir del casco urbano. El motor apenas llega a temperatura y la sonda, que necesita calentarse para medir, pasa mucho tiempo trabajando a medio gas. Para ayudarla lleva una resistencia interna de calefacción, que con tanto ciclo de encendido y apagado acaba fallando. Además, la combustión en frío genera más hollín, y la punta de la sonda se cubre de una capa que la vuelve lenta.

El coche que vive en la autovía. Quien va a diario por la A-7 o la AP-7 hacia Fuengirola, Mijas o Estepona tiene el motor caliente durante horas. La sonda trabaja en su temperatura ideal y se mantiene limpia. Aquí el enemigo es otro: el calor continuo y los años, que agotan el elemento sensor de forma natural. Cuando falla, suele hacerlo poco a poco, con una respuesta cada vez más lenta.

Saber cuál de los dos perfiles es el tuyo nos orienta desde el principio.

Cómo comprobamos si la sonda está bien

No basta con leer un código. Con el motor caliente observamos la señal de la sonda en tiempo real: una sonda sana cambia de valor con rapidez cuando la mezcla oscila. Una cansada tarda, se queda plana o da valores extremos. También miramos las correcciones de combustible que aplica la centralita, porque nos dicen hacia dónde se está desviando el motor.

Antes de culpar a la sonda descartamos lo que puede engañarla:

  • Una fuga en el colector o en la junta del escape, que deja entrar aire y hace creer que la mezcla es pobre.
  • Una entrada de aire en la admisión, que también falsea la lectura.
  • Un fallo de encendido, que deja oxígeno sin quemar en el escape.

El detalle de la rosca

Con los años, el calor del escape y la humedad salina de la costa sueldan prácticamente la sonda a su alojamiento. Si se fuerza en frío, la rosca puede dañarse. Por eso la desmontamos con el escape templado y con herramienta adecuada, y si la rosca está deteriorada te lo decimos antes de seguir.

Cuándo pensar también en el catalizador

Si la sonda trasera marca que el catalizador ha perdido eficacia, no siempre es culpa de la sonda. Te lo explicamos con la gráfica delante, y si hace falta revisamos el catalizador. Para pedir cita, escríbenos desde contacto.