Guía completa

Lo que de verdad mata a un turbo

Un turbo gira a velocidades altísimas y vive pegado al escape, a temperaturas muy elevadas. Lo que lo mantiene con vida es una película de aceite que lubrica y refrigera su eje. Casi todas las averías que vemos tienen que ver con esa película: aceite que llegó tarde, que estaba degradado o que no llegó en la cantidad necesaria. Entender esto cambia la forma de cuidarlo.

Los hábitos que más influyen

Apagar el motor caliente. Es el clásico. Tras una subida exigente, como la carretera hacia Benahavís o el ascenso hacia Ojén, el turbo está muy caliente. Si apagas de inmediato, el aceite deja de circular y el que queda en el eje se carboniza. Con los años, esos restos obstruyen el engrase. Dejar el motor al ralentí unos instantes antes de apagarlo ayuda mucho.

Exigir potencia en frío. Por la mañana el aceite está espeso y tarda en llegar. Acelerar a fondo nada más arrancar desgasta el turbo más que muchos kilómetros a ritmo tranquilo.

Alargar los cambios de aceite. El plazo que marca el fabricante está pensado para un uso concreto. Si el coche hace sobre todo trayectos cortos o pasa mucho tiempo parado, el aceite envejece aunque el cuentakilómetros no avance.

Ignorar el filtro de aire. Un filtro roto o mal colocado deja pasar partículas que golpean los álabes del compresor.

El calor y el tráfico de la costa

En verano, el tráfico lento hacia las playas y en los accesos a Puerto Banús mantiene el vano motor muy caliente y con poco aire. El turbo no trabaja en esas condiciones, pero el aceite sí sufre más. En cambio, quien recorre la AP-7 o la A-7 a diario hacia Estepona lleva el turbo trabajando de forma estable, que es lo que mejor le sienta. Dos coches iguales pueden tener turbos en estados muy distintos según el uso.

Lo que hacemos antes de hablar de cambiarlo

Muchos coches llegan con el diagnóstico hecho por alguien: «es el turbo». A veces lo es. Otras, el culpable es un sensor de presión sucio, un manguito agrietado, una fuga en el intercooler o la geometría variable atascada por carbonilla. Por eso empezamos comprobando todo eso, con prueba de estanqueidad y lectura de datos en marcha. Solo cuando lo demás está descartado desmontamos el turbo.

Si hay que cambiarlo, por qué falló

Montar un turbo nuevo sin entender por qué falló el anterior es arriesgarse a repetir la avería. Revisamos el tubo de engrase, que puede estar parcialmente obstruido, el retorno de aceite y el estado del filtro de aire. Cambiamos aceite y filtro, y antes del primer arranque cebamos el circuito para que el turbo no gire en seco ni un segundo.

Si los síntomas apuntan a la medición de presión, puede que te interese antes nuestra ficha del sensor de presión del turbo. Para cualquier consulta, contacta con nosotros.