Guía completa

Un caso que vemos cada primavera

Un cliente con casa en Nueva Andalucía deja su diésel aparcado de octubre a marzo. Vuelve, arranca sin problema, conduce un par de días y aparece el mensaje: fallo en el sistema de reducción de emisiones, quedan unos cientos de kilómetros para que el motor no arranque. Lo trae preocupado porque le han dicho que «eso es la bomba y es carísimo».

Al leer los datos vemos que la bomba sí da presión, pero el sensor NOx de salida indica que los óxidos de nitrógeno no bajan como deberían. Medimos el líquido del depósito y su concentración está fuera de rango: llevaba meses dentro, con calor, y se había degradado. El inyector, además, tenía la punta llena de cristales blancos. Vaciamos el depósito, limpiamos el inyector, rellenamos con líquido nuevo y en una prueba de unos kilómetros el sistema se dio por bueno. No hubo que cambiar la bomba.

No todos los casos acaban así, pero ilustra por qué no conviene cambiar piezas por intuición.

Cómo funciona, en pocas palabras

El AdBlue es una disolución de urea en agua destilada. Un inyector la pulveriza en el escape, antes de un catalizador específico, y allí reacciona con los gases para convertir los óxidos de nitrógeno en nitrógeno y vapor de agua. La centralita controla cuánto inyecta según lo que miden los sensores NOx. Si la reducción no llega al nivel exigido, la normativa obliga al coche a avisar y, al final, a impedir el arranque.

Dónde suele estar el fallo

  • El propio líquido. Se degrada con el tiempo y con temperaturas altas. Con el calor de los veranos en la Costa del Sol, un depósito poco usado se estropea antes.
  • Cristalización. La urea seca se convierte en un sólido blanco que tapa el inyector y las tuberías.
  • Sensores NOx. Trabajan en caliente y a veces fallan; si mienten, la centralita cree que el sistema no funciona.
  • Bomba y calentador del depósito. Pueden averiarse; en muchos modelos van integrados en un conjunto.
  • Catalizador SCR. Es lo menos habitual, pero puede envejecer o contaminarse.

Qué puedes hacer tú para evitarlo

Repostar AdBlue de forma regular en lugar de dejar que el depósito llegue al mínimo, usar líquido de un envase cerrado y bien guardado y, si el coche va a pasar meses quieto, comentarlo al taller para revisarlo al volver. Los recorridos tranquilos por autovía ayudan a que el sistema trabaje a su temperatura y se mantenga limpio.

Un detalle que se olvida: el AdBlue es corrosivo para algunos metales y deja manchas en la pintura. Si se derrama al rellenar, enjuaga la zona con agua. Y nunca lo eches en el depósito de gasóleo; si ocurre, no arranques el motor y avísanos, porque bastaría un arranque para mandar el líquido a la bomba de combustible.

Si ya te ha salido la cuenta atrás, no apures los kilómetros: escríbenos desde contacto y lo vemos. También revisamos el filtro de partículas y la EGR, que comparten muchas causas con el SCR.