Guía completa
El escape es una tubería larga que va desde el motor hasta la parte trasera del coche, pasando por varios elementos con funciones distintas. Para entender qué te puede pasar, lo mejor es recorrerlo como lo hacemos en el elevador: de delante hacia atrás.
Colector y junta, pegados al motor
Es la primera parte, atornillada a la culata. Soporta temperaturas muy altas y cambios bruscos de calor. Con los años, la junta se quema o algún espárrago se parte, y aparece un tic-tac o un soplido que se nota más en frío. Una fuga aquí puede también falsear la lectura de la sonda lambda, que va justo después, y encender el testigo de motor.
Catalizador y filtro de partículas
A continuación están los elementos que limpian los gases. No forman parte de esta ficha porque tienen la suya propia, pero los revisamos siempre que trabajamos en el escape: un golpe en los bajos o un soporte roto pueden afectarles. Puedes leer más en catalizador y en filtro de partículas.
El flexible
Es un tramo trenzado que absorbe los movimientos del motor sin transmitirlos al resto del escape. Cuando se abre, el coche suena como un motor de moto al acelerar. No se suele soldar con buen resultado; lo habitual es cambiar el flexible o el tramo que lo contiene.
Tramo intermedio y silenciosos
Aquí es donde más trabajo vemos en Marbella. Los silenciosos tienen cámaras en las que se acumula condensación, sobre todo en coches que hacen trayectos cortos y no llegan a calentar del todo el escape. Ese agua, mezclada con los restos de la combustión, corroe desde dentro. Si a eso le sumamos el salitre que llega desde fuera en urbanizaciones cercanas al mar, como las de Las Chapas, Elviria o San Pedro Alcántara, el resultado son silenciosos perforados en la costura y tubos que se adelgazan por el óxido.
Los coches que pasan meses parados, algo frecuente en segundas residencias, sufren especialmente: la humedad se queda dentro y el metal se oxida sin que el motor llegue a secarla.
Todo el escape cuelga de los bajos mediante gomas. Con el calor del verano y el paso del tiempo se cuartean y se rompen, y el tubo empieza a golpear o a colgar. Las abrazaderas oxidadas también ceden. Son piezas sencillas, pero si se dejan, el peso del escape acaba rompiendo un tramo sano.
Un detalle que mucha gente pasa por alto: las pantallas térmicas, esas chapas finas que protegen los bajos del calor del escape. Cuando sus fijaciones se oxidan, vibran y producen un cascabeleo metálico al ralentí o en los badenes. No es grave, pero molesta, y a veces se confunde con algo más serio. Lo arreglamos sujetándolas de nuevo o renovando sus fijaciones.
Nuestra forma de trabajar
Con el motor en marcha localizamos todas las fugas, no solo la más ruidosa. Después valoramos el metal: si está sano alrededor del agujero, soldamos; si está fino, cambiamos el tramo. Renovamos las gomas y abrazaderas necesarias y comprobamos que nada roza con los bajos. Si tienes la ITV cerca, también puedes ver nuestra pre-ITV. Pide cita en contacto.